
Santo Domingo.– La frecuencia de los accidentes de tránsito registrados en la Autopista Juan Pablo II, conocida como Autopista del Nordeste o Santo Domingo Samaná, ha vuelto a encender las alarmas sobre las condiciones de seguridad, mantenimiento y vigilancia de una de las principales vías que conectan la capital dominicana con la región nordeste.
Durante los últimos años, los accidentes en esta carretera se han convertido en una preocupación recurrente para conductores y usuarios, con hechos que han dejado personas heridas y fallecidas y que, en algunos casos, han provocado importantes pérdidas materiales.
A esta situación se suma el deterioro progresivo de distintos puntos de la vía, donde usuarios frecuentes advierten deficiencias en iluminación, señalización, pavimento, elementos de protección y otras condiciones que forman parte de la seguridad de una carretera de esta importancia.
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La preocupación adquiere una dimensión mayor al recordar que, desde diciembre de 2021, la administración de la Autopista del Nordeste quedó bajo el Fideicomiso RD Vial, luego de la terminación anticipada de la concesión que existía sobre esta carretera.
Desde entonces, usuarios que recorren con frecuencia la vía aseguran haber percibido un cambio significativo en la dinámica de vigilancia y mantenimiento, señalando que anteriormente era más habitual observar brigadas realizando labores de limpieza, reparación y mantenimiento preventivo.
El reclamo no pretende desconocer la responsabilidad que corresponde a los conductores. La velocidad, la imprudencia y otras conductas humanas pueden ser determinantes en los accidentes. Sin embargo, la seguridad vial no depende exclusivamente del comportamiento de quien conduce; también está directamente relacionada con las condiciones de la infraestructura.
Una autopista de esta categoría requiere mantenimiento permanente, iluminación adecuada en los puntos que lo demanden, señalización visible, pavimento en condiciones óptimas, drenajes funcionales, barreras de protección, vigilancia y asistencia vial oportuna.
También resulta legítimo que los usuarios reclamen respuestas, tomando en cuenta que se trata de una vía donde se cobra peaje y que su administración está vinculada a un fideicomiso estatal cuyo propósito incluye la conservación, rehabilitación y mantenimiento de la infraestructura vial.
Por ello, más que esperar a que ocurra un accidente para intervenir un determinado tramo, se hace necesario fortalecer los programas de mantenimiento preventivo y vigilancia permanente, identificando oportunamente los puntos que puedan representar un peligro.
La situación amerita una evaluación integral y transparente que permita conocer cuántos accidentes se han producido en esta carretera en los últimos años, cuáles son sus principales causas, dónde se concentran los puntos críticos y qué inversiones se han realizado en mantenimiento, iluminación, seguridad y rehabilitación.
La Autopista del Nordeste es mucho más que una vía de comunicación entre Santo Domingo y Samaná.
Es una carretera fundamental para el turismo, el transporte y el desarrollo económico de toda la región.
No podemos permitir que los accidentes se conviertan en parte de la cotidianidad de quienes transitan por ella.
La prevención debe comenzar antes de que ocurra la tragedia.
La Autopista del Nordeste necesita atención, mantenimiento y vigilancia permanente. Y sus usuarios tienen derecho a una carretera segura y a conocer qué están haciendo las autoridades responsables para garantizarla.


