Jerusalén.– En una conferencia realizada este domingo, especialistas presentaron evidencias y testimonios que documentan la violencia de género ejercida durante los ataques del 7 de octubre, dejando al descubierto una de las caras más atroces del conflicto.
De acuerdo con las cifras expuestas, más de 300 mujeres fueron asesinadas, muchas de ellas en sus camas, masacradas o quemadas vivas, mientras al menos 90 mujeres, niñas y adolescentes fueron tomadas como rehenes. Los testimonios muestran que a muchas les fueron mutilados sus genitales; algunas le descuartizaron su parte íntima con arma blanca (machete). Los cuerpos de las mujeres se convirtieron en un campo de batalla simbólico, tal como ha ocurrido en conflictos de otras regiones como Ucrania, Afganistán o Siria.
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Uno de los relatos más estremecedores fue el de Amit Soussana, abogada israelí secuestrada el 7 de octubre, cuyo caso fue publicado por The New York Times. Soussana relató haber sido encadenada a la pared, acosada con preguntas sobre su vida sexual y agredida en múltiples ocasiones por su captor, identificado como “Muhammad”. “No puedes soportar mirarlo, pero tienes que hacerlo. Dependes completamente de él”, describió, revelando la relación de sometimiento y abuso a la que fue obligada.
La charla destacó la creación del Proyecto Dina, un grupo de trabajo enfocado en investigar los crímenes sexuales cometidos durante los ataques. El nombre recuerda tanto a Dina, hija de Jacob en la Biblia (víctima de secuestro y violación) como a la palabra hebrea para “justicia”. Este proyecto busca documentar y visibilizar la violencia de género como parte central de la masacre, aun sabiendo que la limitada evidencia forense complica los procesos judiciales internacionales.
Médicos y rescatistas que atendieron a sobrevivientes también confirmaron que muchas víctimas no eran plenamente conscientes de haber sido violadas hasta que los exámenes médicos revelaron traumas, embarazos o la necesidad de pruebas de VIH. Un testimonio citado narró cómo una víctima colapsó al recibir el resultado de sus análisis, aun cuando estos habían salido negativos.
La conclusión de la conferencia fue clara: los crímenes de género del 7 de octubre no fueron incidentes aislados, sino parte de una estrategia de terror. “Las mujeres se convirtieron, una vez más, en el campo de batalla”, afirmaron los expositores, resaltando la urgencia de reconocer y condenar estos actos en el marco del derecho internacional.


