
El 28 de agosto de 1963, frente a unas 250.000 personas reunidas en Washington, Martin Luther King pronunció uno de los discursos más recordados del siglo XX. Su llamado a terminar con la segregación racial y construir una sociedad basada en la igualdad se convirtió en un símbolo de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos y trascendió las fronteras de ese país.
Hace exactamente 63 años, el 28 de agosto de 1963, una multitud se congregaba frente al Monumento a Lincoln, en Washington, para participar de la denominada Marcha sobre Washington por el Trabajo y la Libertad. La movilización reclamaba igualdad racial, mejores oportunidades laborales, el fin de la segregación y garantías efectivas de los derechos civiles para la población afroamericana.
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Ante unas 250.000 personas, Martin Luther King Jr. tomó la palabra como uno de los últimos oradores de la jornada. Lo que ocurrió durante los minutos siguientes terminaría convirtiéndose en uno de los momentos más emblemáticos de la historia contemporánea.
Un sueño que recorrió el mundo
El discurso pasó a la historia con el nombre de “I Have a Dream” —“Tengo un sueño”—, expresión que King utilizó para describir su esperanza de que las futuras generaciones pudieran vivir en una sociedad en la que las personas no fueran juzgadas por el color de su piel.
Pero aquella intervención no nació exactamente como fue escuchada ese día.
King había preparado un texto para la ocasión y comenzó siguiéndolo. Sin embargo, durante la segunda mitad de su exposición se apartó del escrito y retomó una idea que ya había utilizado anteriormente en otros discursos: la imagen de un “sueño” de libertad e igualdad. El propio dirigente contó meses después que, llegado ese momento, dejó de lado el manuscrito y continuó hablando de manera espontánea.
Esa parte improvisada terminaría siendo precisamente la más recordada.
Mucho más que un discurso
La movilización de 1963 no reclamaba únicamente el fin de la segregación racial. Su nombre completo, Marcha sobre Washington por el Trabajo y la Libertad, reflejaba también demandas vinculadas con el empleo, los salarios, la integración de las escuelas públicas y la prohibición de la discriminación laboral.
La iniciativa había sido impulsada por el histórico dirigente sindical y activista por los derechos civiles A. Philip Randolph, mientras que Bayard Rustin tuvo un papel central en su organización. Diferentes organizaciones por los derechos civiles, sindicatos y sectores religiosos confluyeron en aquella jornada.
La concentración se desarrolló de manera pacífica y reunió a personas llegadas desde distintos puntos de Estados Unidos. Hubo discursos, canciones, oraciones y distintas expresiones de protesta.
Al finalizar la jornada, las palabras pronunciadas por King frente al Monumento a Lincoln se habían convertido en el símbolo de aquella histórica movilización.
Estados Unidos en tiempos de segregación
Para comprender la trascendencia del discurso es necesario recordar el contexto en el que fue pronunciado.
Durante gran parte del siglo XX continuaron vigentes en Estados Unidos prácticas y leyes que establecían una profunda separación racial, particularmente en los estados del sur.
La población afroamericana sufría discriminación en ámbitos como la educación, el transporte público, el trabajo, el acceso a determinados establecimientos y el ejercicio efectivo del derecho al voto.
Desde mediados de la década de 1950, el movimiento por los derechos civiles había intensificado las protestas, boicots y movilizaciones contra ese sistema. Martin Luther King se convirtió en uno de sus principales referentes, defendiendo la resistencia y la protesta no violenta como herramientas para lograr transformaciones sociales.
Las leyes que llegarían después
La Marcha sobre Washington fue uno de los grandes hitos de una movilización social mucho más amplia y contribuyó a aumentar la presión para avanzar con la legislación destinada a terminar con la discriminación racial.
Al año siguiente, en 1964, Estados Unidos sancionó la histórica Ley de Derechos Civiles, que prohibió distintas formas de discriminación y segregación. En 1965 llegaría además la Ley de Derecho al Voto, destinada especialmente a eliminar las barreras que durante décadas habían impedido a numerosos ciudadanos afroamericanos ejercer ese derecho.
Los cambios legales no terminaron de un día para otro con las desigualdades raciales, pero marcaron un punto de inflexión en la historia estadounidense.
El Nobel de la Paz y un final trágico
Un año después de “I Have a Dream”, Martin Luther King recibió el Premio Nobel de la Paz de 1964 por su lucha no violenta en favor de los derechos civiles. Tenía apenas 35 años y, en ese momento, se convirtió en el hombre más joven en recibir la distinción.
Su trabajo continuó durante los años siguientes, ampliándose también hacia cuestiones como la pobreza, la desigualdad económica y su oposición a la guerra de Vietnam.
El 4 de abril de 1968, cuando tenía 39 años, King fue asesinado mientras se encontraba en el balcón del Lorraine Motel, en Memphis, Tennessee. Había viajado hasta allí para acompañar el reclamo de trabajadores de saneamiento que se encontraban en huelga.
Una frase convertida en símbolo
A 63 años de aquella jornada, “I Have a Dream” sigue siendo mencionado entre los discursos políticos y sociales más influyentes del siglo XX.
Su trascendencia fue mucho más allá de Estados Unidos y las palabras de King comenzaron a ser utilizadas como referencia por movimientos que reclaman igualdad, derechos y rechazo a diferentes formas de discriminación en numerosos lugares del mundo.
Lo que comenzó aquel 28 de agosto de 1963 como el discurso final de una multitudinaria marcha terminó transformándose en una expresión universal: la idea de que una sociedad más justa puede imaginarse primero para después comenzar a construirse.


