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¿Puede Santo Domingo convertirse en una Smart City?

27 de agosto de 2026
in Actualidad
¿Puede Santo Domingo convertirse en una Smart City?
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El IMD Smart City Index 2026 deja una lección para Santo Domingo: las ciudades más inteligentes no son las que tienen más tecnología, sino las que mejor funcionan para su gente. Zúrich, Oslo, Ginebra, Londres y Copenhague ocupan los primeros cinco lugares. Singapur aparece en el noveno. La edición evalúa 148 ciudades y pone en el centro la percepción ciudadana sobre infraestructura, tecnología, gobernanza y calidad de vida.

El dato más revelador está más cerca. Ninguna ciudad latinoamericana aparece entre las primeras 100. Santiago de Chile lidera la región en el puesto 120, seguida por Medellín, 121; Ciudad de México, 123; San José, 129; Buenos Aires, 134; y Bogotá, 135. Santo Domingo no figura entre las ciudades evaluadas.

La distancia también abre una oportunidad: ¿qué tendría que hacer Santo Domingo para convertirse en una verdadera Smart City?

Estoy convencido de que podemos lograrlo. Pero debemos desmontar una idea equivocada: Santo Domingo no necesita parecer una ciudad del futuro. Necesita funcionar mejor en el presente.

Primero la ciudad, después la tecnología

El IMD encontró que las estructuras urbanas —infraestructura, instituciones y gobernanza— explican mejor el desempeño de una ciudad inteligente que la tecnología por sí sola. Incluso varias ciudades al final del ranking presentan mejores resultados tecnológicos que estructurales.

La conclusión es sencilla: podemos digitalizar una ciudad mal organizada y terminar con una ciudad mal organizada, pero digitalizada.

Una Smart City no es una colección de cámaras, sensores y aplicaciones. Es una ciudad que utiliza datos, planificación, innovación y participación ciudadana para resolver problemas concretos.

El Distrito Nacional concentra una enorme actividad económica e institucional, pero convive con congestionamiento, residuos, inundaciones, aceras deterioradas y servicios municipales que pueden ser mucho más eficientes.

Convertir Santo Domingo en un sistema

El primer cambio es dejar de administrar cada problema como si estuviera aislado. Movilidad, drenaje, residuos, iluminación, seguridad vial, arborización y espacio público forman parte del mismo ecosistema urbano.

Un imbornal obstruido puede inundar una avenida; la inundación paraliza el tránsito; el congestionamiento aumenta la contaminación y las horas perdidas. Una ciudad inteligente conecta esas variables para anticiparse.

Santo Domingo necesita una plataforma de datos urbanos: un mapa digital vivo del Distrito Nacional, apoyado en Sistemas de Información Geográfica —GIS—, que integre imbornales, luminarias, árboles, parques, contenedores, obras, puntos de inundación, tránsito y reportes ciudadanos.

El siguiente paso sería un gemelo digital urbano: una representación virtual que permita simular escenarios. Antes de modificar una intersección, podríamos estimar cómo cambiará el tráfico; antes de una obra de drenaje, modelar cómo se comportará el agua ante distintos niveles de lluvia.

Eso es pasar de administrar mirando el retrovisor a planificar mirando hacia adelante.

Mover personas, no solamente vehículos

En movilidad debemos avanzar hacia Sistemas Inteligentes de Transporte: semáforos adaptativos, sensores, cámaras y analítica de datos capaces de responder a los flujos vehiculares en tiempo real.

Pero una Smart City no puede tener como objetivo mover más automóviles. Debe mover mejor a las personas.

Eso exige integrar transporte público, cruces seguros, aceras accesibles, movilidad activa, seguridad vial y prioridad peatonal. Los datos pueden ayudarnos a identificar dónde ocurren más accidentes y dónde una intervención puede salvar vidas.

Una ciudad no puede llamarse inteligente si es tecnológica para quien conduce, pero hostil para quien camina.

Anticipar las zonas vulnerables

En una ciudad tropical como la nuestra, inteligencia urbana también significa resiliencia. Sensores, información meteorológica, mapas de riesgo e historiales de inundaciones deben permitirnos identificar las zonas más vulnerables antes de una lluvia intensa y priorizar drenaje, mantenimiento, arborización e infraestructura verde.

La misma lógica debe aplicarse a los residuos. Los datos pueden optimizar rutas y frecuencias. Pero debemos ir más lejos: el ciudadano debería poder saber desde su teléfono qué día y a qué hora pasará el camión recolector por su sector.

Eso evita que las fundas permanezcan horas en las aceras y convierte un servicio cotidiano en un sistema previsible.

El celular del ciudadano también es un sensor

El teléfono debe ser una puerta de entrada al gobierno municipal. Un vecino debería poder reportar un hoyo, una luminaria apagada, basura acumulada, un imbornal obstruido o una acera ocupada; recibir un número de caso y seguirlo hasta su solución.

Si cien ciudadanos reportan durante meses problemas en el mismo punto, ya no estamos frente a cien quejas: estamos frente a un patrón urbano.

La inteligencia artificial puede detectar esos patrones, anticipar mantenimiento y orientar mejor los recursos, siempre con reglas de protección de datos, ciberseguridad, transparencia y supervisión humana.

Una Smart City necesita confianza

El IMD 2026 pone especial énfasis en la confianza y la transparencia. Por eso, una plataforma de datos abiertos donde cualquier persona pueda conocer cuánto cuesta una obra, cuánto tarda, quién la ejecuta y cuáles resultados produjo puede ser tan importante como instalar sensores.

La verdadera innovación municipal también consiste en medir. No basta anunciar semáforos inteligentes, cámaras o aplicaciones. Debemos saber cuánto disminuyeron los tiempos de respuesta, los accidentes, las inundaciones, la congestión, los costos operativos o las quejas recurrentes.

Santo Domingo tiene talento humano, universidades, empresas tecnológicas, infraestructura de telecomunicaciones y una ciudadanía conectada. Tenemos condiciones para comenzar.

Pero no confundamos el camino. Comprar tecnología no convierte una ciudad en inteligente.

La pregunta correcta es otra: ¿qué problema queremos resolver, qué datos necesitamos y cuánto mejorará la vida del ciudadano cuando lo hagamos?

Porque una verdadera Smart City no es la ciudad con más tecnología. Es la ciudad que utiliza mejor la tecnología, los datos y la planificación para servir a su gente.

Y ese puede ser el próximo gran salto de Santo Domingo. Sin dudas, tenemos con qué.

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