SANTO DOMINGO.- El llamado “Pequeño Haití”, una zona comercial ubicada en los alrededores del Mercado Modelo en el Distrito Nacional, ya no vibra como antes. Los operativos migratorios de los últimos meses han reducido visiblemente la presencia de nacionales haitianos, provocando un cambio rotundo en el ambiente.
“Antes esto estaba lleno, ahora se siente desolado”, comenta Martín, un dominicano que lleva más de seis décadas en el lugar. Según él, lo que antes era un hervidero de comercio y bullicio, hoy parece un mercado en pausa.
Las redadas de la Dirección General de Migración se han intensificado en la zona como parte de los esfuerzos del Gobierno para repatriar a ciudadanos haitianos en situación irregular. Solo en una reciente jornada se reportaron más de mil detenciones en distintos puntos del país. La mayoría de los repatriados eran trabajadores informales que sostenían el movimiento económico de zonas como esta.


Cristian Montero, otro comerciante local, afirma que el impacto tras estas medidas adoptadas contra la inmigración ilegal económica es innegable.
“En verdad han bajado mucho las ventas, y eso afecta a todos, dominicanos y haitianos. Aquí la mayoría eran clientes o vendedores haitianos”.
Una convivencia que persiste
A pesar de la disminución en la población haitiana, los residentes que aún se mantienen en el área insisten en que la convivencia sigue siendo pacífica.
“Aquí no hay problema con los haitianos. Son gente tranquila, trabajadores”, señala Germanio Olivares, vendedor ambulante.
Esta percepción contrasta con la narrativa de conflicto que muchas veces circula en medios y redes sociales. En el Pequeño Haití, la mayoría de los entrevistados, destacando los dominicanos, hablan de relaciones cordiales, incluso fraternales.


Piden regularización
Algunos residentes sugieren retomar políticas migratorias de décadas pasadas.
“Con Balaguer se les daba permiso de trabajo. Si se vencía, se renovaba o se iban. Así no había problemas”, opinó Martín, recordando la política migratoria de los años 70 y 80.
En tanto, Cristian agrega: “Debemos buscar soluciones humanas. No se trata solo de sacar gente, sino de entender que muchos haitianos llevan años aquí, trabajan y tienen familia. Son seres humanos como nosotros”.
Una frontera dentro de la ciudad
Pequeño Haití se ha convertido en una especie de frontera simbólica entre dos realidades. Por un lado, el Estado dominicano busca ejercer su soberanía migratoria. Por otro, una comunidad que históricamente ha trabajado y convivido en relativa paz, hoy se enfrenta al miedo, la incertidumbre y el abandono económico.
Los puestos vacíos, las ventas escasas y el silencio que antes no existía son evidencia de que algo ha cambiado.