SANTO DOMINGO, RD – El comunicador y especialista en temas municipalistas, Jonatan Familia, manifestó su firme posición respecto al artículo 208 del nuevo Código Penal dominicano, el cual aborda los delitos de opinión y establece sanciones de prisión y multas basadas en salarios mínimos. Durante su intervención en el programa radial Politikal, Familia analizó los riesgos de la normativa actual y la necesidad de ajustar las penas para evitar que la difamación se convierta en una actividad lucrativa.
Familia fue enfático al señalar que, aunque no apoya la privación de libertad por emitir juicios de valor, el sistema debe ser lo suficientemente riguroso para no dejar desprotegida la integridad de los ciudadanos.
«No estamos de acuerdo con el tema de la prisión por opinión, pero hay que establecer penas severas y castigar la reincidencia con mayor vehemencia», afirmó el panelista.
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La preocupación central del comunicador radica en lo que denomina la «rentabilidad de la infracción». Según explicó, si las multas impuestas por lacerar la moral de una persona son inferiores al beneficio económico que un tercero ofrece por realizar dicho daño, la ley pierde su efecto disuasorio.
El riesgo de un «modelo de negocio» basado en el daño moral
Para Jonatan Familia, el peligro actual es que la justicia permita, por omisión o debilidad en las penas, que se construya un mercado de ataques reputacionales.
«Si a mí me cuesta difamar a tal o cual persona… y las multas son de 10 salarios mínimos… pero a mí alguien me da 300,000 pesos… la infracción me genera una mayor ganancia que la pena», ejemplificó.
Advirtió que esta falta de severidad incentiva a que personas se conviertan en «sicarios de la comunicación» o «sicarios de moral», quienes actúan bajo el precepto de que, al no enfrentar prisión y solo penas pecuniarias manejables, pueden decir cualquier cosa a cambio de un pago.
Jonatan Familia hace un llamado a la severidad legislativa
El panelista de Politikal concluyó que los mecanismos de castigo no deben limitarse exclusivamente al dinero cuando existe un patrón de conducta repetitivo.
«La reincidencia sí debe ser castigada con todo el peso de la ley para evitar construir un modelo de negocio a partir de dañar la moral y el buen nombre de otro», sentenció, instando a las autoridades a crear una mezcla de penas que garantice que nadie pueda lucrarse a costa del honor ajeno.



