Cracovia (Polonia).- La ministra de Educación de Polonia, Barbara Nowacka, anunció este jueves que a partir del próximo curso se hará obligatoria la nueva asignatura de «Educación para la Salud», pero que el módulo específico de educación sexual será voluntario, debido a presiones políticas dentro de la coalición del Gobierno y tras una larga polémica social.
En una entrevista emitida hoy por la cadena TVN24, la ministra explicó que la nueva materia, que sustituye a la antigua «Educación para la Vida en Familia», integrará contenidos sobre salud mental, prevención de adicciones y seguridad digital.
No obstante, el componente de salud sexual, que ha causado una gran controversia, representará aproximadamente una décima parte del temario y quedará sujeto a la «decisión de los padres».
En sus declaraciones, Nowacka defendió la importancia de la materia y afirmó que «los conocimientos sobre salud sexual son tan importantes como los conocimientos sobre cualquier otro aspecto de la salud».
Sin embargo, reconoció que la naturaleza opcional del módulo responde a razones «estrictamente políticas», y añadió que no le quedó «otra opción». «Si es una decisión de alto nivel del Gobierno, el Ministerio debe acatarla», señaló.
El anuncio de esta solución de compromiso pone fin a un largo debate dentro de la coalición del Gobierno liderada por el primer ministro centrista Donald Tusk, en el que el ala progresista chocó y finalmente cedió ante los sectores más conservadores, que temían perder el apoyo del electorado católico.
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La reforma ha estado precedida por un clima de alta confrontación, pues el principal partido de la oposición, el ultranacionalista Ley y Justicia (PiS), había denunciado la ley como «depravada y perversa», mientras que organizaciones ultracatólicas como Ordo Iuris lamentaron la «sexualización de los niños» y la Conferencia Episcopal Polaca la calificó de «antifamiliar» e «inconstitucional».
Desde el punto de vista de sus opositores, la educación sexual contemplada en la ley promueve la «ideología de género» por reconocer la existencia de la homosexualidad, «erotiza» a los menores y les puede dañar psicológicamente por separar la sexualidad del matrimonio, y amenaza los derechos de los progenitores porque «boicotea la autoridad parental con injerencias ideológicas indebidas».
Esta polarización provocó cientos de manifestaciones en todo el país a partir de 2024, así como enfrentamientos entre asociaciones de padres y la dirección de algunos centros docentes, además de varios vetos presidenciales del ultraconservador Karol Nawrocki a los intentos del Ejecutivo de legislar la cuestión.


