Caracas, Venezuela.— La ceremonia de juramentación de Delcy Rodríguez como presidenta interina de Venezuela el pasado 5 de enero de 2026 no solo captó la atención por su contexto político, marcado por la captura del presidente Nicolás Maduro, sino también por el vestido que lució durante el acto, el cual ha desatado críticas entre la población y en redes sociales por su alto valor relativo frente a la precaria situación económica que vive el país.
Rodríguez, de 56 años, tomó posesión ante la Asamblea Nacional tras la remoción de Maduro en medio de una operación militar estadounidense en Caracas, en un acto presidido por su hermano, el diputado Jorge Rodríguez. La prenda en cuestión fue identificada como un diseño de la firma italiana Chiara Boni La Petite Robe, valorado aproximadamente en 700 a 746 euros, equivalentes a alrededor de 742 dólares estadounidenses según diversas plataformas internacionales de moda.
Usuarios de redes sociales y analistas han señalado el marcado contraste entre este costo y el ingreso promedio de los venezolanos. En Venezuela, el salario mínimo es de apenas 130 bolívares, lo que equivale a aproximadamente 0,42 dólares, según comentarios difundidos en redes.
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Si una persona ahorrara íntegramente ese salario, tardaría cerca de 1.767 meses —es decir, unos 147 años— en reunir el monto necesario para comprar un vestido como el que usó Rodríguez, sin considerar gastos básicos como alimentación.
El contraste ha provocado una oleada de críticas en plataformas como X (antes Twitter) donde usuarios han señalado el simbolismo de la elección de vestuario en un país que enfrenta altos índices de pobreza y dificultades económicas profundas. Entre los mensajes se han leído comentarios que califican la situación como una muestra de desconexión entre la clase gobernante y la realidad de la población, donde muchos venezolanos luchan por cubrir necesidades básicas.
Simbolismo y críticas sociales
El vestido, de corte midi con dobladillo asimétrico y mangas con volantes, fue acompañado por accesorios y joyas que también llamaron la atención de observadores y críticos de moda política, que interpretan este detalle como un gesto cargado de significado en un momento de transición para el país.
Más allá del valor monetario, el uso de una pieza de lujo en un contexto de crisis ha llevado a algunos analistas a cuestionar el mensaje que esta imagen transmite, particularmente al pueblo venezolano, que ha enfrentado décadas de hiperinflación, escasez de bienes básicos y un prolongado colapso económico.
En redes sociales se han destacado expresiones como “lujo y política en contraste total” o “muestra del nivel de vida del gobierno mientras la población no puede pagar ni lo más básico”, reflejando el malestar de sectores de la sociedad que consideran que los símbolos de ostentación política se sienten fuera de lugar en medio de la realidad económica de Venezuela.
La polémica no solo ha trascendido fronteras, sino que también ha generado debates sobre la responsabilidad de los líderes políticos al momento de proyectar una imagen pública en tiempos de crisis socioeconómica, y cómo estas decisiones pueden influir en la percepción popular y en la legitimidad de sus acciones en el poder.


