La educación infantil es crucial para el desarrollo de los niños, y las guarderías han sido piezas clave en ese proceso. La idea de cuidar a los pequeños no es algo reciente; desde civilizaciones antiguas, la familia era el núcleo principal del cuidado infantil. Sin embargo, la Revolución Industrial cambió drásticamente las dinámicas laborales y familiares, haciendo necesario crear espacios dedicados exclusivamente a la atención de los niños.
Pero ¿qué ocurre cuando la realidad dista mucho de lo ideal? Así le pasó a Yohana y Rodolfo, quienes esperaban con amor a su bebé Ángel Jariel de Jesús Figari. “Todo feliz porque era un niño muy esperado, lo estábamos buscando”, cuenta Yohana, madre del pequeño. Ángel, con apenas cinco meses, fue un regalo muy ansiado para la pareja; Yohana ya tenía un hijo de 11 años, mientras que para Rodolfo era su primer bebé.
La alegría de saber que esperaba un hijo fue, para Rodolfo, “la sorpresa más grande de su vida”, pues nadie le había anunciado la noticia antes. Ángel fue inscrito en el cuidado del Colegio Bautista Cristocéntrico, un lugar cercano a sus trabajos, por lo que sus padres lo visitaban con frecuencia.
El jueves 23 del año en curso parecía un día común. Yohana recuerda la rutina diaria con su hijo antes de dejarlo en la guardería: lo alimentó, lo cambió y se despidió, sin imaginar que esa sería la última vez que vería su sonrisa. Más tarde, a la 1:01 p. m., recibió una llamada que solo duró ocho segundos y que cambiaría su vida para siempre. La guardería le informó que Ángel se había puesto mal y estaba en el hospital, pero al llegar, la realidad fue devastadora: su hijo había fallecido.


Ángel fue llevado de urgencia al hospital Dr. Ángel Contreras, y, entre lágrimas, Rodolfo relata cómo mantuvo la esperanza hasta llegar a la clínica. “No quiero recordar, pero agarré los piececitos de mi niño muerto”, dice. La familia reclama que ninguna autoridad del colegio ha aclarado qué ocurrió realmente. Se sospecha que el bebé broncoaspiró, y aún esperan los resultados de la autopsia. Yohana no cree la versión oficial, pues asegura que su hijo tomó dos biberones de leche, no solo uno, como han dicho.
Otro caso que marcó el olvido
No es el único caso doloroso. En Santo Domingo Este, la pequeña Franyeli Elizabeth, de solo cuatro meses, también murió bajo cuidado ajeno. Esta niña, muy deseada por ser la única mujer de la familia, fue confiada a Milagros López Lucas, quien había cuidado antes a sus otros hijos. El jueves 15 de febrero, su padre la llevó a una guardería que funciona en una casa particular, pero al mediodía se llevó la peor sorpresa: Milagros le entregó a Franyeli muerta.
Jhandys Pérez, madre de la bebé, recuerda las palabras durísimas de Milagros y cómo su hija llegó con el rostro y brazos amoratados. Desde entonces, las preguntas han sido muchas y las respuestas pocas. El proceso judicial terminó sin las investigaciones necesarias, y Milagros nunca fue sometida a investigación formal. El informe forense indica que la causa de muerte fue una miocardiopatía hipertrófica, pero el caso permanece en la sombra.
Protocolos y supervisión en las guarderías dominicanas
En República Dominicana existen modalidades de cuidado infantil tanto públicas como privadas, y ambas deberían contar con protocolos claros para evitar tragedias. El Instituto Nacional de Atención Integral a la Primera Infancia (INAIPI), que administra la modalidad pública, monitorea a través de cámaras para observar a los niños en tiempo real y actuar ante cualquier eventualidad.
Sin embargo, el Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia (CONANI), encargado del control en otras guarderías, aún no dispone de reglamentos claros para supervisar adecuadamente a los infantes. Según Samir Saba, vocero de CONANI, están trabajando en la regulación, aunque no hay fecha definida para su implementación.
“Ese registro de habilitación que corresponde a CONANI comenzará a aplicarse cuando el reglamento establezca los mecanismos necesarios para ejercer esas atribuciones”, explica Saba, dejando claro que la supervisión aún es insuficiente para garantizar la seguridad de los niños.