Hay que perfeccionar el perfil del Premio Nacional de Literatura

Este próximo viernes día 26 de enero es la   fecha del natalicio de Juan Pablo Duarte,  quien vino al mundo el 26 de enero de 1813.

Ese día, el jurado del Premio Nacional de Literatura, integrado por Fundación Corripio y el Ministerio de Cultura, ]dan a  a conocer el nombre del escritor o escritora ganador del Premio Nacional de Literatura 2024.

El anuncio será hecho por el presidente de Fundación Corripio tras las deliberaciones del jurado (en las que el señor Corripio no participa), estando junto a la ministra de Cultura, Milagros Germán y los rectores / jurados, ante los periodistas que cubrirán el evento noticioso en el salón de actos de Fundación Çorripio.

Muchos escritores alegan que los premios no consagran la obra de nadie y dicen estar indiferentes al resultado de ese jurado, integrado , pero la postura es hipócrita en casi todos los casos: todos quisieran ser ganadores del PNL.  Algunos escritores, pocos,  estarán desinteresados siquiera en saber quien ganó. Pero sin dudas que se trata de anuncio literario más importante en lo que van de 2024.

Digno es reconocer el apoyo oportuno que asumió la Fundación Corripio desde 1992, como sostén fundamental del Premio Nacional de Literatura, apoyando la misión del Ministerio de Cultura, en el reconocimiento del talento escritural dominicano. De no haber sido por FC, el PNL  no sería lo que es  hoy, entidad  que aporta todo: la logística para coordinar los jurados, el anuncio de ganador o ganadora, el monto en efectivo y el financiamiento de acto en el Teatro Nacional.

¿Cómo se creó el PNL?

La primera decisión oficial creando el Premio Nacional de Literatura, se produjo con la emisión del decreto # # 423-89, a la firma del presidente de entonces, el doctor Joaquín Balaguer, el 27 de octubre de 1989, para reconocer «toda una vida dedicada a las letras», y sería otorgado mediante un jurado integrado por los rectores de las principales universidades del país”.

Ese decreto fue modificado por el decreto número 383-16, mediante el cual se establecen modificaciones al decreto anterior # 423-89 que creó el Premio Nacional de Literatura, y que incluía la asignación de un millón de pesos y un diploma. Ese decreto estuvo firmado por el entonces presidente de la República, Danilo Medina. Hoy día, producto de una modificación, el premio está dotado de dos millones de pesos y diploma.

El más grave error

La primera entrega (1990) fue un gran error al premiar a Juan Bosch y Joaquín Balaguer como una especie empate, pero la obra de los premiados acusa un notable desequilibrio  y se siente al leerlas que sus calidades no son  comparables.

En ese veredicto primaron razones no literarias, más bien políticas del momento, más bien el deseo de quedar bien con el poder circunstancial del instante, sin dejar de reconocer a quien realmente lo merecía: Juan Bosch. Balaguer, por el solo  hecho de haber firmado el decreto que creó el premio, debio haber declinado su postulación, pero es sabido que al ex presidente le interesa mucho el reconocimiento de la historia.

Salvo ese incidente, en el cual el poder jugó sus malas pasadas, todos los premiados y premiadas, son – a nuestro juicio – merecedores de tal distinción, incluyendo aquellos cuya obra conocemos menos, lo cual no nos da derecho a rechazar la decisión del jurado, que tendrá sus razones, muchas veces no coincidentes con los inoportunos clamores literarios de promoción y circunstancia. 

Darle un nombre al PNL

Han sido laureados 34 escritores (29 hombres y 5 mujeres), según apunta el gestor cultural y crítico de gastronomía y cine, Jimmy Hungría, quien retoma una vieja aspiración, la de que se dote al premio de un nombre, el de su creador: Enriquillo Sánchez es de opinión que el premio debería tener un nombre que honre la memoria del escritor que fue su creado, responsable de concebirlo, escribir sus bases, procurar el patrocinio de su primera entrega (el del Banco Miramar en que trabajaba).

En su primera entrega, en 1990, Juan Bosch y Joaquín Balaguer recibieron el premio ex aequo, el primer gran error del premio, ya que se optó por una solución salomónica entre literatos de una obra literaria obviamente desigual. Fue el ejemplo de cuando las condiciones políticas pesan más que las calidades de la creación. Se quiso quedar bien con los dos escritores, aun cuando solo uno de ellos, se lo merecía.

Enriquillo Sánchez fue igualmente fundamental para la creación del Premio Nacional Feria del Libro Eduardo León Jimenes, junto con José Rafael Lantigua, con quien, papeles y bases bajo el brazo, se dirigieron al edificio corporativo de E. León Jimenes, para hablar con don Eduardo León Asencio, para que se instaurara ese galardón, como al efecto se hizo. Hoy día es uno de los premios literarios más respetables y prestigiosos, hoy a cargo en gestión del Centro León, con el acompañamiento del Ministerio de Cultura. 

Premios que amplíen el Premio

El Premio Nacional de Literatura tiene una dotación actual de dos millones de pesos y un diploma que certifica la entrega y el protocolo y plataforma promocional que implica la entrega que se hace una vez en la vida a un escritor o escritora,, por lo cual sería gratificante que lo que reciba en gran medida le facilite la vida por el resto de su existencia.

Obvio que el PNL no se entrega a escritores adolescentes sino a personas de tercera edad, esas vidas que transcurren la tercera etapa de su existencia.

El Premio debería integrar una pensión privilegiada (mínimo 100 mil pesos indexarles al costo de la vida); un seguro premium del Seguro Nacional de Salud); Un servicio de acompañamiento personal para sus salidas en un vehículo estatal; un carnet especial (con código de barras) que le permita acceso los espectáculos culturales, (música, teatro, cine, etc.) tanto los auspiciados por el Estado, como los privados que implican paga y que el galardonado, solo tenga que presentar el código de barras de su acreditación para que el monto sea asumido por el estado.

Muchos de los ganadores de los Premios Nacionales de Literatura no tienen empleo ni el sector público ni el privado, cuando son pensionados generalmente el nivel que reciben no es suficiente para sus necesidades.

Los premiados deben tener las condiciones materiales adecuadas para no preocuparse por nada de lo cotidiano y seguir ofreciendo al país, los mejores frutos de su talento.

Promoción y autopromoción

Si existe una actitud irracional por parte de quienes aspiran a ganar el PNL, es la de mandar a promoverse o – peor aun-  autopromoverse: dejarse ver, hacerse invisible incluso es mas lamentable cuando quienes hacen eso, son ciertamente, por mérito propio, merecedores del premio, pero eso no cae bien a los jurados.

Se impone dejar de elaborar listados, dejar de mencionar escritores con potencial para ganar. Aquí nos conocemos todos.

En principio, el jurado del Premio Nacional de Literatura es incuestionable: rectores universitarios con asesoría literaria en los casos en los cuales la formación de esos rectores no es la literaria. La presión a que se enfrentan esos jurados, es indescriptible. No expresa. No proclamada.

Pero respecto de un premio en torno al cual cada escritor o escritora de cierta madurez en su obra y de una edad ya considerable, se considera candidato digno de recibirlo, la tarea es compleja.

De hecho, cada vez que sale el veredicto, regularmente en torno a la media mañana (casi mediodía) del 26 de enero, siempre se producen reacciones (la mayor parte de las veces no expresadas por los medios de comunicación o las redes sociales), sino en los ámbitos literarios, los corrillos intelectuales, las penas, los espacios privados, argumentando que la selección del jurado fue un error, un favoritismo, una concesión por criterios de poder o partidarios, y toda una larga relación procurando el desmeritar a quien ha ganado.

Y es una pena que esa reacción surja por parte de colegas de profesión, incapaces de aceptar el éxito del otro/otra. Un error que cometen algunas figuras literarias, con condiciones indudables para ser Premio Nacional de Literatura, es permitir que se les promueva en los medios o —peor— auto promoverse directamente.

Se sabe de escritores que hicieron llegar a los rectores, un juego completo de toda su obra, con la finalidad de influirles. Falta de tacto total. Dejen a los jurados hacer su trabajo.

Cada escritor, por alguna razón desconocida, se siente único ganador posible del PNL.

Se observa que, en los meses previos a la entrega, sobre todo a partir de octubre y noviembre, comienzan a salir en los medios de comunicación, extensos trabajos especiales sobre la obra de tal o cual escritor. Grave error. Notable falta de tacto.

Dejen a los jurados desarrollar su papel, sin presiones. Es un solo premio adjudicable merecidamente al menos a 20º 30 escritores y escritoras. Pero solo puede ser uno y nada más que no. Los premios no hacen obra.

Nunca lo han hecho, y nunca lo harán. ¿Cuántos premiados literariamente en el mundo, no han trascendido al juicio de la historia de las letras, sencillamente porque su creación carecía de calidad y consistencia?

Pero igualmente hay que preguntarse: ¿Cuánta justicia se ha hecho al premiar a escritores que no han estado en el escenario de los debates, en el cruce de las ideas, en el tráfico de comentarios y titulares de prensa?

Pero la vida es así. Lo recomendable es entender que nos debe asistir una buena dosis de generosidad y comprensión para alegrarnos por el reconocimiento a una obra y a un autor o autor, que lo merecían.

Una pena verdadera que en muchas oportunidades hayan sido voces de escritores  las que se hayan dejado escuchar para trazar teorías de conspiración para desmeritar a quien se ha ganado el PNL, en una actitud de pequeñez de la que no debería sentirse orgulloso nadie.

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